miércoles, 16 de marzo de 2016

Escuchar para aprender, escuchar para enseñar, escuchar para vivir.

Hoy no voy a hablar de innovación pedagógica, de metodologías activas,de últimas tendencias educativas de fascinantes nombres anglófilos. Hoy voy a hablar de algo mucho más sencillo,y que es el primer paso para llegar a todo ello y a mucho más :lo necesario de la escucha.

Escuchar como medio de comprender(nos), escuchar para ser conscientes, escuchar para abrir nuestra mente a otros conceptos, a otras opiniones, a otras realidades. 

Escuchar para estar abiertos de orejas y de entendimiento, receptivos a lo que hay a nuestro alrededor, escuchar, en suma, para recibir la vida a bocanadas, en todas sus vertientes, en todas sus acepciones.

En suma: escuchar para aprender, escuchar para educar.


Desconozco lo mucho o lo poco que se haya hablado de este tema, así que busco en San Google escuchar en el aula y observo que salen varios cientos de miles de resultados, y , sin embargo, constato que seguimos haciendo oídos sordos al fondo de la cuestión: cada vez nos escuchamos menos.


“Amazed by his own voice”

La imperiosa necesidad de comunicarnos en el aula, en la doble dirección alumno-alumno, alumno - profesor –y viceversa- es más un deseo que una realidad. Muchas veces, distamos mucho de escuchar con la debida atención e intensidad.

Afortunadamente las leyes educativas vienen a solventar todos nuestros problemas. Pese a lo útiles y ponderadas que son, ni libros blancos, ni estándares de aprendizaje, ni metodologías creactivas, sea eso lo que fuere, ni criterios de evaluación ni uso de las tecnologías aparejado a exámenes de reválida…ninguna de estas zarandajas nos acerca a lo que hace falta:la escucha activa.
  •  Escuchar al alumno cuando nos dice que no tiene Internet en casa, cuando el profesor se encisca en el uso de la tecnología sin medida porque hace del ABP su bandera.
  • Escuchar a los alumnos para coadyuvar a crear personas (por ahí iban los tiros de lo que es educar, según creo.)
  • Enseñar a escuchar al alumno, porque esa actitud abierta al otro le va a ayudar a aprender, y a abrir su mirada al conocimiento, del que tiene enfrente, y de otras realidades.
  • Escuchar a nuestros iguales docentes, en la red o en la vida real, para entender, cuando sea posible, el porqué de su inmovilismo o de sus dificultades para poder ayudarlos, por aquello de que “una mano lava la otra, y las dos la cara”.
Hoy mi pequeña reflexión en voz alta se resume sólo en eso: ¿Estamos dispuestos a escuchar para aprender? ¿Somos suficientemente sensibles como para escuchar para educar?

¿Seremos capaces de conjugar los buenos deseos de escuchar para aprender y enseñar y la realidad del aula, con su diversidad y su particular idiosincrasia,cambiante cada cincuenta minutos? 

¿Haremos posible esta escucha activa, paralelamente a la continua justificación de lo que haces o no en tu trabajo, a la finalización de los temarios sea como fuere… a la realidad de esta educación nuestra de cada día…?




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